El papa Francisco ha lamentado el doble asesinato de los sacerdotes jesuitas Javier Campos y Javier Mora en la sierra Tarahumara este lunes, además del guía turístico Pedro Palma. Los tres fueron asesinados a balazos por sicarios del narco dentro de la iglesia del pequeño municipio de Cerocahui, de menos de 1.000 habitantes, en Chihuahua, norte de México. Los asesinos se llevaron además sus cadáveres en una camioneta. En un día oscuro para la comunidad tarahumara, otros cuatro turistas más se encuentran desaparecidos. El pontífice ha dedicado unas palabras en su audiencia del miércoles a la violencia que asedia al país, que en esta ocasión ha golpeado a la orden religiosa de la que forma parte: “Expreso mi dolor y tristeza por el asesinato del otro día de dos religiosos, hermanos míos jesuitas, y un laico. ¡Cuántos asesinatos en México!”.

El lamento del Papa se suma a la indignación de la comunidad jesuita en el país, que no solo ha condenado lo sucedido, sino que ha exigido a las autoridades que encuentren los cuerpos para ofrecerles la santa sepultura. La forma habitual de operar del narco a menudo impide incluso las despedidas: en el país hay más de 100.000 desaparecidos cuyas familias no han dejado de buscar y alrededor de 100 homicidios al día. “Una vez más repito que la violencia no resuelve los problemas, sino que crece el sufrimiento inútil”, ha agregado el pontífice.

Poco después de las palabras de Francisco, el presidente Andrés Manuel López Obrador ha informado durante su conferencia de prensa sobre el envío de tropas del Ejército para, primero, encontrar los cuerpos y los desaparecidos, y después, dar con los responsables. “Se está haciendo una investigación, hay ya elementos de la Secretaría de la Defensa Nacional, que actuó de inmediato, hay una búsqueda. Ya se tiene identificado al responsable, al homicida, y vamos a seguir con las investigaciones”, señaló el mandatario.

El presunto responsable fue denunciado por los testigos poco después de los hechos, entre ellos un sacerdote que se escapó del fuego, en una comunidad atravesada por una tragedia insólita. Se trata de un líder criminal de la zona, José Noriel Portillo Gil, alias El Chueco. La región vive asediada por el control del crimen organizado de las tierras y los bosques, con miles de desplazados a punta de fusil, y la impunidad absoluta que sufre no solo esta zona marginal y pobre del norte de México, sino muchas otras en todo el país.

“Este delincuente [El Chueco] es señalado como el responsable de los asesinatos, porque incluso fue identificado por uno de los sacerdotes. Está acusado, con orden de aprehensión desde el 2018, porque asesinó a un turista estadounidense”, comentó López Obrador. “Esto de la sierra de Chihuahua que duele tanto, porque esto no surgió de ahora, viene de tiempo atrás, cuando existía un contubernio completo entre las autoridades y la delincuencia. ¿O el señor este acaba de empezar su carrera delictiva? No, y seguramente fue tolerado”, agregó.

El turista estadounidense que ha mencionado el presidente se trata del profesor Patrick Braxton-Andrews, asesinado en octubre de 2018. Desde ese momento, se señaló a El Chueco como el principal responsable. El gobernador de Chihuahua en ese entonces, Javier Corral, expresó la promesa que se hace siempre en estos casos: “Nada va a detener a la justicia hasta capturarlo; se podrá tardar un poco o mucho, pero se capturará a Portillo Gil”, aseguró. Pero la impunidad que asola a México, donde el 95% de los delitos no se resuelve, hizo el resto. Y cuatro años después, los hombres de El Chueco podían pasearse con armas por una comunidad tranquila de la región y asesinar a sangre fría a tres hombres dentro de una iglesia, sin que una autoridad lo impidiera, y mucho menos, lo detuviera.

El lunes, alrededor de las 13.00 horas, unos hombres secuestraron al guía turístico con más de 40 años trabajando en la zona, Pedro Palma, y lo llevaron al templo de Cerocahui. Ahí estaban los sacerdotes. Uno de ellos, el que sobrevivió, contó que Palma fue llevado por los criminales para rezar antes de ser asesinado. Algo sucedió ahí, quizá intentó escapar, no puede aclararlo. Y recibió unos balazos. Javier Campos y Javier Mora, al escuchar los disparos, corrieron a auxiliarlo. Y fueron asesinados también los dos. Ante las súplicas del único cura que sobrevivió de que dejaran sus cuerpos, los criminales actuaron como saben, arrastrándolos hasta una camioneta. Y si no hay cuerpo, no hay delito.

Las autoridades no han dado a conocer ningún detalle de las otras cuatro víctimas: dos hombres, una mujer y un menor de edad. Los cuatro desaparecieron ese mismo día por la mañana. No hay ninguna explicación oficial sobre si se trató de un ataque conjunto, si están relacionados. López Obrador ha adelantado este miércoles que a ellos los buscan con vida. Pero por el momento no hay rastro de siete personas, ni muertas ni vivas.

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