En el mundo hay cerca de 400 millones de personas que sufren trastornos mentales. Estos trastornos deben ser tratados con psicoterapia y psicofármacos pero, también, es necesario conocer cuáles son las causas sociales que hacen que alguien manifieste psicopatología.

Esta intención de conocer tales causas tiene un objetivo claramente preventivo, pues saber los factores sociales que afectan en la salud mental permitiría evitar que ocurran.

La psiquiatría social ha pretendido cumplir con este objetivo defendiendo la idea de que conociendo lo social se puede trabajar sobre lo psicopatológico. Profundicemos más sobre esta rama de la psiquiatría.

¿Qué entendemos por psiquiatría social?
La psiquiatría social fue una corriente preventiva dentro de las ramas de la salud que tuvo mucha influencia en los Estados Unidos tras la Segunda Guerra Mundial. Estuvo enfocada en identificar los factores sociales que se creía que podrían influir en la aparición de psicopatología.

Entre los factores que estudió estaban la pobreza, la desigualdad y la exclusión social, entendidos como fenómenos no únicamente socioeconómicos, sino como promotores de psicopatología.

La psiquiatría social era una corriente interdisciplinar, dado que trabajaba codo con codo con científicos sociales, especialmente sociólogos y antropólogos. Con trabajos procedentes desde diferente disciplinas era posible estudiar y determinar las relaciones entre la sociedad, sobre todo viviendo en sus estamentos más desfavorecidos, y la ocurrencia de trastornos mentales.

Los orígenes de la psiquiatría social se pueden encontrar en los movimientos a favor de la higiene mental de principios del siglo XX. Este movimiento enfatizó la prevención y el rol que ejercía el entorno social sobre la salud del individuo, especialmente en lo concerniente a lo mental. Además, fue desde este enfoque en el que se introdujeron profesionales de la salud mental, como trabajadores sociales con conocimientos psiquiátricos.

El contexto de formación de esta rama están en el hecho de que a mediados del siglo XX la psiquiatría tenía muy buena fama y, durante las décadas de los 1920 y 1930 había habido un boom de las ciencias sociales.

Combinando psiquiatría con la sociología se obtenía una rama mitad clínica mitad social que estaba fuertemente apoyada por hallazgos científicos. Fue, además, el toque de atención para la comunidad psiquiátrica invitándole a hacer caso a las ciencias sociales que tanto podían ofrecer en la prevención de psicopatología.

Investigación en Chicago
Curiosamente, la primera investigación en psiquiatría social fue realizada por sociólogos. Estos fueron Robert Faris y H. Warren Dunham de la Escuela de Chicago, una corriente sociológica enfocada en entender hasta qué punto las injusticias sociales dañaban la salud de los individuos. En su libro “Mental Disorders in Urban Areas” de 1939 los dos investigadores establecen una relación entre la pobreza y los trastornos mentales.

Su trabajo consistió en analizar 30.000 admisiones a hospitales en la ciudad de Chicago, y usaron mapas para demostrar, a modo gráfico, cómo de diferentes eran los trastornos diagnosticados por los profesionales en diferentes partes de la ciudad. Les llamó la atención que en la Hobohemia chicagüense, correspondiente al barrio de Tower Town, se reportaban muchos casos de esquizofrenia paranoide.

La Hobohemia de esta ciudad, es decir, el barrio artístico y alternativo, tenía una amplia población de indigentes, carteristas y personas pidiendo caridad. Dado que la zona era extremadamente pobre, sus habitantes vivían vidas muy inestables. Su existencia era prácticamente anónima, y estaban muchos aislados de sus familiares o de la sociedad en general, pese a vivir en la zona más poblada de la urbe. Sentían frustración, confusión y tenían un estilo de vida caótico.

Curiosamente, si en la Hobohemia chicagüense lo más común era la esquizofrenia paranoide, la esquizofrenia catatónica era el diagnóstico estrella en áreas pobres de la ciudad pobladas por inmigrantes extranjeros y afroamericanos. En las zonas ricas, como contraste a los dos diagnósticos anteriores, lo más frecuente era detectar personas que sufrían depresión maníaca.

Aunque con sus diferencias, otros estudios similares se realizaron en otras partes de los Estados Unidos, encontrando patrones similares entre zonas ricas, zonas pobres y población indigente.

Igualmente, hubo quienes criticaron estos hallazgos defendiendo que aquellas personas que padecen trastornos tales como la esquizofrenia, si se han criado en un entorno rico, al no poder funcionar adecuadamente en él acaban yendo a barrios más ricos. Es decir, que consideraban que no eran los factores sociales los que contribuyen al trastorno mental, sino que era el trastorno el que hacía que se acabara siendo pobre.

Faris y Dunham fueron críticos con esta crítica, valga la redundancia. Argumentaron que los padres de los pacientes en áreas pobres muy raras veces procedían de barrios más ricos. También afirmaron que los pacientes más jóvenes no habrían tenido tiempo ni la permisividad suficiente de sus padres como para poder irse del hogar paterno y acabar en un barrio peor.

Estos dos autores mostraron cómo la pobreza, combinada con problemas psicológicos como el estrés, el aislamiento y vivir una vida desorganizada eran factores que predisponían a padecer una salud mental pobre.

Investigación en New Haven

Otro estudio sobre cómo los factores sociales influyen en la salud mental se realizó en la ciudad de New Haven, en Connecticut. La ciudad fue fundada en 1638 por puritanos ingleses y era más pequeña que Chicago. Su estructura urbanística era perfecta para ver en qué medida la clase influía sobre la salud mental de sus ciudadanos, estudio que fue realizado por August Hollingshead y Fritz Redlich, sociólogo y psiquiatra, respectivamente.

En su investigación dividieron la ciudad de New Haven en cinco áreas según su clase. La clase 1 era la zona habitada por los descendientes de los habitantes de New Haven más antiguos, los “new haveners de pura cepa”. Estas familias residían en la ciudad desde su fundación en el siglo XVII.

La clase 5 era la más desfavorecida, constituida por personas con poca formación y que desempeñaban, en muchas ocasiones, trabajos de temporada. Si bien algunos eran inmigrantes procedentes de Europa y el Quebec, otros eran los denominados “swamp Yankees”, una población que existía a los límites de la sociedad de New Haven desde hacía siglos.

Hollingshead y Redlich analizaron la salud mental por clases de la ciudad, revelando significativas diferencias. La gente de la clase 5 presentaba tres veces más posibilidades de ser tratados de un trastorno mental que las personas de las clases 1 y 2 combinadas. De hecho, esto llamaba mucho la atención teniendo en cuenta que en la clase 1 habían serios problemas para conseguir acceso a tratamiento psiquiátrico.

Además, el tipo de tratamiento entre las clases desfavorecidas y las más pudientes era muy diferente. Mientras que en las clases más bajas se recibían tratamientos muy invasivos, como terapias somáticas en las que se incluían psicofármacos, terapia electroconvulsiva y lobotomía, los de las clases más altas solían recibir psicoanálisis. No es de extrañar, dado que el psicoanálisis, al ser una terapia más cara las clases más altas lo podían ver como un símbolo de estatus acudir al psicoanalista.

Los Estados Unidos tras la Segunda Guerra Mundial
Tras la Segunda Guerra Mundial el interés en la psicología y la psiquiatría creció debido, sobre todo, a la enorme cantidad de soldados traumatizados por lo visto en la contienda. Por este motivo Estados Unidos, sabiendo que tratar a miles de ex-soldados con psicopatología era caro, tenía interés en conocer cómo evitar psicopatología y ahorrarse unos cuantos millones de dólares. Diseñar programas y métodos de prevención, más que encontrar el tratamiento perfecto, era lo que estaba en el punto de mira.

Es por este motivo que la psiquiatría social fue ganando tanta fuerza tras las Segunda Guerra Mundial, y en 1949 se creó el Instituto Nacional de Salud Mental estadounidense (NIMH). El primer objetivo de tan reciente institución fue crear programas de prevención, y supieron tener en cuenta a los estudios de los psiquiatras sociales.

Pero lo que definitivamente ayudó al auge de la psiquiatría social fue ni más ni menos que la ayuda del presidente norteamericano John F. Kennedy. Inspirado por una tragedia personal y el hecho de que en Estados Unidos existieran 600.000 manicomios en los que los pacientes no eran precisamente bien tratados debidos a la sobresaturación y falta de medios, Kennedy invirtió en la creación de programas de prevención, destacando esta idea en un discurso para el Congreso de los Estados Unidos en febrero de 1963.

Así pues se crearon cerca de 800 centros de salud mental que tenían entre sus filas a psiquiatras, trabajadores sociales, psicólogos y otros profesionales de la salud para trabajar con la salud mental de la comunidad local. Esto era revolucionario, acabando con la era de los manicomios en Norteamérica y reduciendo el estigma de la salud mental, promoviendo una visión más preventiva que no de tratamiento y contribuyendo a una mejor visión a ir a terapia.

La caída de la psiquiatría social
Si bien la creación de esos 800 centros de salud mental con tratamientos preventivos fue beneficioso, tenían la pega de que realmente no se trabajaba sobre los factores sociales que estaban detrás de los trastornos mentales. Además, los tratamientos preventivos eran más bien escasos y en la práctica se trataba a pacientes que ya presentaban trastornos mentales crónicos.

Pese a que la psiquiatría social había ayudado a comprender de dónde venían muchos trastornos mentales, su inacción para con los factores sociales hizo que conocer la teoría fuera inútil al no ser aplicado de forma práctica.

Además, el objetivo terapéutico del momento cambió, dado que los Estados Unidos volvían a vivir los fantasmas de la guerra, esta vez con el empeoramiento de la guerra de Vietnam (1955-1975), además de que la situación política del país era tensa, con cambios de presidente de Kennedy a Lyndon B. Johnson y Richard Nixon.Los esfuerzos terapéuticos se volvieron a centrar en la salud de los soldados, esta vez aquejados de trastorno por estrés postraumático. Se dejó muy de lado a los ciudadanos norteamericanos de las zonas más pobres.

Cabe decir que poner a la práctica una mejora de la población más desfavorecida desde una perspectiva de la psiquiatría social era difícil, dado que uno de los principales supuestos de esta disciplina era que la mejora social vendría de la mano de un mejor reparto de los bienes. Muchos psiquiatras sociales eran partidarios de una mejor redistribución del dinero, algo que en un contexto como eran los años 1970, en plena Guerra Fría contra la Unión Soviética era visto como un manifiesto comunista, contrario al espíritu americano.

Pero lo que sin duda acabó con la psiquiatría social fue un fortalecimiento de la visión organicista de los trastornos mentales. Con la publicación de la tercera edición del DSM, que dejaba de lado la visión psicoanalista para centrarse en una más científica, se puso más atención a las causas biológicas que, supuestamente, estaban detrás de la psicopatología.

El boom de los psicofármacos en la década de 1980, especialmente los antidepresivos y ansiolíticos, daban fuerza a las teorías biologicistas de los trastornos, así que las causales sociales que los pudieran explicar fueron abandonadas.

FUENTE: PSICOLOGÍA Y MENTE | 29/06/2020

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