La necesidad de velar por nuestro bienestar y de cuidar de la propia integridad física es uno de los factores que más han influido en la evolución de nuestro cerebro y de nuestros patrones de comportamiento.

Por ejemplo, a esto se debe que suframos miedo o ansiedad, emociones desagradables e incluso dolorosas que, sin embargo, experimentamos de forma relativamente frecuente porque son útiles para nuestra supervivencia.

Sin embargo, a veces esa predisposición a detectar señales de peligro donde no tiene por qué haberlas nos puede traer problemas, y la hipocondría es una muestra de ello. Aquí veremos cómo reconocer la hipocondría, así como algunos consejos para superarla.

¿Cómo reconocer un caso de problemas por hipocondría?
Especialmente en tiempos recientes, en los que la alta cantidad de población y las dinámicas del mundo globalizado han dado pie a varias pandemias y epidemias, la línea que separa un nivel de preocupación razonable por la propia salud, por un lado, y una obsesión injustificada con la posibilidad de tener enfermedades, por el otro, está algo borrosa.

Sin embargo, siempre es posible reconocer casos extremos en los que la percepción del estado del propio cuerpo llega a estar tan sesgada hacia el pesimismo que resulta totalmente incompatible con la realidad. Esto es lo que ocurre con la hipocondría, que no solo no ayuda a prevenir problemas graves de salud, sino que además llega a ser un problema para quien la desarrolla.

La hipocondría, o hipocondriasis, es una alteración psicológica caracterizada por la propensión a creer que se tiene una enfermedad, a pesar de no existir motivos razonables para llegar a esa conclusión.

Esto hace que vean evidencias de tener una patología en una amplia variedad de pequeños eventos de poca importancia, o que no dicen demasiado acerca del estado de salud que se tiene.

Aquí veremos algunas de sus características más distintivas.

  • ¿Qué indica que la angustia por hipocondría no está justificada?
    Tal y como hemos visto, las personas con hipocondría tienen una gran facilidad para creer que sufren enfermedades, hasta el punto de que esa propensión a angustiarse con supuestos signos y síntomas de patologías llega a desgastar su calidad de vida.

Aquí es importante detenernos a pensar en la diferencia entre lo que podemos considerar motivos razonables para sospechar que se tiene una patología, por un lado, y los motivos objetivos para pensar eso. Pueden parecer equivalentes, pero no lo son.

Por ejemplo, algunas alteraciones vinculadas al dolor crónico pueden llegar a ser muy difíciles de objetivar, ya que en última instancia lo que señala su presencia es la existencia de sensación de dolor. En casos de este tipo, no existe una realidad objetiva en la que se base la idea de «tengo una enfermedad», pero sí es razonable pensar que algo falla en nuestro cuerpo.

Así, la hipocondría tiene que ver con otorgar demasiada importancia a eventos o fenómenos que no deberían ser atribuidos a una enfermedad.

  • No es simple obsesión por la salud
    Decir que alguien hipocondríaco es un individuo que muestra una preocupación excesiva por su propia salud sería inexacto. En realidad, la hipocondría se fundamenta en un tipo más concreto de preocupación: no es la necesidad de ganar salud llegando a tener un cuerpo perfecto, sino el miedo a estar perdiendo salud.
  • Gana fuerza a través de la rumiación
    La rumiación psicológica es lo que ocurre cuando una idea o imagen mental perturbadora nos viene a la cabeza una y otra vez, y hace que deseemos que desapareciera de nuestra consciencia. En el caso de la hipocondría, esto ocurre mucho, porque como asumimos que hay un problema en nuestro cuerpo casi cualquier estímulo o sensación que juzguemos como anómala puede llevarnos a pensar en la posibilidad de tener una patología.

A su vez, el hecho de exponernos varias veces a estas situaciones desagradables hace que crezca la ansiedad anticipatoria, ante la posibilidad de que con un nuevo día lleguen nuevas señales de que tenemos una enfermedad.

  • Se prolonga en el tiempo
    La hipocondría es una alteración persistente, que dura meses. No es cuestión de haber visto un documental sobre los efectos de la comida procesada y pasarse una tarde pensando en eso.

¿Qué hacer?
Estos son varios consejos que pueden ayudar a las personas que hayan desarrollado hipocondría.

  • Asiste a terapia psicológica
    El primer y más importante consejo es contar con ayuda por parte de psicólogos, dado que solo a través de este procedimiento dispondrás de atención personalizada y de medidas de intervención adaptadas a las particularidades de tu caso, y además por parte de profesionales específicamente formados para intervenciones de este tipo. Eso sí, ten en cuenta que la terapia es un proceso que requiere compromiso, y abandonarlo antes de tiempo puede suponer volver a la casilla de salida.
  • Lleva un diario en el que vayas anotando lo que sientes
    Es importante que te acostumbres a ver más allá de los pensamientos y de los sentimientos ligados a la hipocondría; lo ideal es que no te limites a vivirlos en tus propias carnes, sino que además aprendas acerca de cómo y cuándo surgen.

A través de este proceso de «ingeniería inversa» psicológica, en la que empiezas a detectar los patrones de pensamiento que hay detrás de la hipocondría (cuando esta se expresa), te será más fácil comprender hasta qué punto esas ideas son irracionales.

Para conseguir esto, algo muy útil es llevar un autorregistro: un lugar que deberás tener siempre a mano y en el que puedas ir apuntando información básica acerca de lo que piensas, sientes y haces en los momentos en los que la hipocondría se manifieste, anotando lugar, fecha y hora, y lo que ocurrió justo antes, durante y justo después de cada una de esas experiencias.

  • Crea rutinas que te mantengan lejos de la rumiación
    Aunque no lo notes, la hipocondría no surge espontáneamente de tu cerebro, sino que «se alimenta» de determinados hábitos y contextos a los que te expones de manera frecuente. Por ello, una buena medida a adoptar es detectar situaciones o contextos en general que te suelan arrastrar a la hipocondría, y optar por otras opciones.

Por ejemplo, si notas que cada vez que visitas YouTube terminas viendo vídeos sobre enfermedades, puede ser bueno elegir otro modo de rellenar parte de tu tiempo libre en Internet, o bien visitar muchos vídeos de otras temáticas para que el algoritmo deje de recomendarte esos contenidos. O, si por el motivo que sea en tu grupo de amigos mucha gente es médico, les puedes pedir directamente que cuando estés con ellos no hablen de su trabajo. La idea es exponerte a situaciones distintas, ya sea modificando tu contexto o exponiéndote a otros nuevos.

  • No intentes bloquear el malestar
    La hipocondría gana fuerza cuando intentamos dejar totalmente fuera de nuestra consciencia todos los pensamientos ansiógenos que nos genera. Es mucho mejor ir ganándole terreno aceptando que durante un tiempo nos producirá inquietud e incomodidad.

FUENTE: PSICOLOGÍA Y MENTE | 29/06/2020

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